lunes, 22 de mayo de 2017

Jornada por la excelencia algodonera

/2017-CHACO
Jornada por la excelencia algodonera para la recuperación del cultivo
Se mostró el comportamiento de cuatro variedades que apuntan a que el productor tenga una genética competitiva para sumar al cultivo del algodón.
Productores, autoridades y técnicos de los ministerios de la Producción de Chaco, Santiago del Estero y del INTA, participaron de la jornada del Centro de Excelencia de Algodón de la empresa Gensus SA, en un predio de Colonia La Mascota, sobre la Ruta Nacional 16, kilómetro 190, realizada el 17 de mayo.
Allí se mostró el comportamiento de cuatro variedades del textil en distintos tipos de fertilizantes, en la línea de siembra y lateral. En este ámbito se hizo un fuerte llamado a la búsqueda de nuevas tecnologías y variedades que apunten a que el productor tenga a disposición genética altamente competitiva para apostar por el algodón.
Por su parte, el vicegobernador de la provincia del Chaco, Daniel Capitanich, señaló días atrás que "es clave un ordenamiento del sistema que permita a las empresas una previsibilidad evitando que las nuevas variedades y eventos pasen al sistema de venta ilegal", en esa línea indicó que "un trabajo coordinado del INASE junto con el gobierno nacional y provincial puede corregir esta situación en forma justa para todos los participantes de la cadena algodonera y pueden lograr que el algodón compita nuevamente en primera, garantizando no sólo mayores rindes, sino también mejor calidad de fibra para la industria textil y la sustentabilidad de los productores algodoneros", detalló el vicegobernador del Chaco.
En el encuentro realizado en Colonia La Mascota se planteó la necesidad de establecer mecanismos para que el productor utilice semilla fiscalizada "que le represente mayores rindes y mejor calidad en fibra", indicaron los disertantes.
Federico Pochat, ingeniero y Director de Gensus con una planta en Avia Terai, puntualizó que "cuando analizamos el mercado de semillas global de tecnologías en algodón, encontramos que Argentina está sumamente atrasada en nuevas tecnologías tanto desde el punto de vista de nuevas variedades como de eventos biotecnológicos incorporados", indicó.
A su vez remarcó: "Estamos dos generaciones detrás de la última tecnología de algodón, ya se lanzaron tres tecnologías de resistencia a insectos diferentes mientras que en nuestro país seguimos conviviendo con la primera de esas tres tecnologías."
http://www.agritotal.com/nota/28704-jornada-por-la-excelencia-algodonera-para-recuperar-cultivos/


viernes, 5 de mayo de 2017

EVALUACIÓN DE LA BIOSEGURIDAD DE LOS CULTIVOS TRANSGÉNICOS


De forma previa a su cultivo, consumo y comercialización, los cultivos transgénicos son evaluados exhaustivamente por las autoridades regulatorias respectivas, que en el caso Chile corresponde al Servicio Agrícola y Ganadero. Este proceso se denomina “evaluación de riesgo” o análisis de bioseguridad y se basa en un enfoque comparativo, que se realiza empleando criterios científicos consensuados internacionalmente. Cabe destacar que la evaluación de riesgo se lleva a cabo “caso a caso” evento por evento (Nap y cols. 2003).
Para la evaluación de riesgo se considera los genes introducidos y las proteínas nuevas, la historia de uso de la proteína introducida, de qué organismo proviene, en qué órganos de la planta se fabrica, y la estabilidad genética de la característica introducida.
Desde el punto de vista agronómico, se compara el cultivo transgénico con su par convencional, considerando aspectos morfológicos y fisiológicos de la planta, su potencial de sobrevivir como maleza, la producción y viabilidad del polen, y la transferencia de genes a plantas silvestres. También se estudia la posible toxicidad de la proteína nueva y del cultivo transgénico para los organismos benéficos y no blanco y su degradabilidad en el suelo. Estos estudios permiten demostrar que el comportamiento agronómico del cultivo transgénico es equivalente a su par convencional, salvo en la característica introducida (Nap y cols. 2003).
Con respecto a los riesgos derivados del consumo humano o animal de los cultivos transgénicos, la evaluación debe asegurar que la modificación genética no haya provocado la aparición de toxinas o alérgenos, y que la composición y aptitud nutricional del alimento sean iguales a las de sus pares convencionales. Cuando los cambios en la composición del alimento son intencionales (por ej. modificación de ácidos grasos) debe estudiarse el balance nutricional más en detalle, sobre todo si se pretende que el nuevo producto reemplace al convencional (EFSA 2011).
Es importante señalar que no existen riesgos de toxicidad o alergenicidad especialmente relacionados con la presencia de material genético (ADN) en los alimentos derivados de cultivos transgénicos, ya que es químicamente igual al material genético de nuestras células. Por otro lado, el material genético ingerido es degradado en el sistema digestivo y no hay ninguna evidencia que algún fragmento de ADN pueda integrarse en cromosomas durante los procesos digestivos (EFSA 2011).
En este contexto y en base a toda la evidencia técnica y científica disponible, se puede afirmar (Ammann 2013; Carpenter 2011; Ronald y cols. 2011; Unión Europea 2010; Key y cols 2008; Organización Mundial de la Salud):
1. Tras 17 años de producción masiva a nivel global, todos los cultivos transgénicos disponibles comercialmente han demostrado ser inocuos dentro de lo esperado en base a la evaluación de riesgo desarrollada de forma previa a su autorización de uso. A pesar de lo anterior, la inocuidad alimentaria debe ser, y es, evaluada caso a caso.
2. Los alimentos derivados de los cultivos transgénicos son los alimentos más estudiados en la historia de la humanidad y son sometidos a rigurosos análisis y extensos estudios que determinan su seguridad, los cuales son la base para permitir su comercialización.
3. En la mayoría de los casos lo consumido no corresponde al producto cosechado en el campo, sino más bien corresponde a sus subproductos (azúcar, aceites de canola y soya, lecitina de soya, jarabe de maíz, etc.), los cuales no contienen genes. Es decir, no existen diferencias entre un subproducto proveniente de un cultivo transgénico y aquellos derivados de cultivos no transgénicos.
4. Los cultivos transgénicos no son más invasores, ni persistentes, ni tienen una mayor capacidad de convertirse en malezas que sus equivalentes convencionales.
5. Los cultivos transgénicos tienen la misma posibilidad que las variedades de cultivos tradicionales de transferir genes a especies emparentadas (transferencia horizontal de genes).
6. Los efectos secundarios que se han descubierto hasta la fecha a nivel de laboratorio, con evaluaciones sobre exageradas o que no ocurren en la naturaleza, no han revelado ningún problema a nivel de ecosistema y por ende no tienen significancia biológica.

POSICION DE ORGANISMOS INTERNACIONALES FRENTE A LOS CULTIVOS TRANSGÉNICOS

El mecanismo internacionalmente aceptado mediante el cual se valida la calidad científica de un estudio es su publicación en revistas científicas. En la actualidad, existen más de 600 publicaciones científicas (revisadas por expertos) que documentan la seguridad e inocuidad de los cultivos transgénicos disponibles comercialmente y sus alimentos derivados, las que se han convertido en la base y en la evidencia para que distintas organizaciones, academias científicas y agencias regulatorias a nivel mundial hayan emitido declaraciones oficiales confirmando la inocuidad de los cultivos transgénicos actualmente comercializados, reconociendo sus beneficios para la agricultura, el medio ambiente y los consumidores, y aclarando que los riesgos de los cultivos transgénicos son los mismos que los de los cultivos convencionales
Organismos como la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han establecido estrictos procedimientos para determinar la seguridad de los productos transgénicos, los cuales son tenidos en cuenta por los diferentes sistemas regulatorios alrededor del mundo. Asimismo, diversas organizaciones internacionales de renombre apoyan la biotecnología y los productos derivados de esta técnica.
El consenso científico señala que los riesgos de los productos alimenticios derivados de cultivos transgénicos son fundamentalmente los mismos que los de los convencionales, e incluso menores, existiendo un amplio acuerdo entre los científicos sobre la seguridad de los cultivos transgénicos y sus alimentos derivados. Más de 3.450 renombrados científicos a nivel mundial, incluyendo 25 premios Nobel, han firmado una declaración en apoyo a la Biotecnología Agrícola y los cultivos transgénicos (AgBioWorld) indicando su seguridad para humanos, animales y el medio ambiente. En la actualidad existen más de 50 declaraciones o documentos científicos oficiales (involucrando cerca de 190 organizaciones o sociedades científicas) que ratifican la bioseguridad de los de los cultivos transgénicos autorizados y sus productos derivados.

Referencias
Ammann K. 2013. Genomic Misconception: a fresh look at the biosafety of transgenic and conventional crops. A plea for a process agnostic regulation. N Biotechnol. doi:pii: S1871-6784(13)00060-5. 10.1016/j.nbt.2013
Carpenter JE. 2011. Impact of GM crops on biodiversity. GM Crops. 2(1):7-23.
European Food Safety Authority (EFSA) 2011. Guidance for risk assessment of food and feed from genetically modified plants. EFSA Journal 9(5):2150
Key S, Ma JK, Drake PM. 2008. Genetically modified plants and human health. J R Soc Med 101(6): 290–8.
Nap JP, Metz PL, Escaler M, Conner AJ. 2003. The release of genetically modified crops into the environment. Part I. Overview of current status and regulations. Plant J. 2003 Jan;33(1):1-18
Organización Mundial de la Salud. 2004. Food safety: 20 questions on genetically modified foods. (http://www.who.int/foodsafety/publications/biotech/20questions/en/ Acceso en Junio 2013.
Ronald P. 2011. Plant Genetics, Sustainable Agriculture and Global Food Security. Genetics 188(1):11–20.
Union Europea. 2010. A decade of EU-funded GMO research (2001-2010). Directorate-General for Research and Innovation. Biotechnologies, Agriculture, Food. (http://ec.europa.eu/research/biosociety/pdf/a_decade_of_eu-funded_gmo_research.pdf). Acceso en Junio 2013.


miércoles, 3 de mayo de 2017

Acceso al agua

Acceso al agua: tecnologías de bajo costo inspiradas en la física

Técnicos del INTA crearon una bomba de río para la zona patagónica y un molino que funciona con vientos de baja velocidad en Chaco. Gracias a las energías eólica y cinética de los cursos hídricos, proveen agua para riego y consumo doméstico en producciones familiares.
Contemplando la caída de una manzana. Así es, según relatan los historiadores, cómo Isaac Newton descubrió la Ley de la Gravedad y le permitió explicar por qué los cuerpos tienden a ser atraídos hacia el centro de la Tierra. La respuesta estaba en saber observar la naturaleza. Un poco de esta particular inquietud movilizó a los técnicos del INTA quienes, en Río Negro y en Chaco, recuperaron principios de la física para construir tecnologías que aprovechan la energía de los ríos y del viento para llevar agua a las zonas productivas.
La primera es la bomba de río que, fabricada con una manguera enrollada dentro de un tambor y una hélice que transfiere la fuerza del río, permite que el agua se eleve hasta un tanque. Basada en un diseño de Arquímedes y desarrollada por especialistas del IPAF Región Patagonia y del INTA Cipolletti, la bomba flota en los cauces y utiliza la fuerza del movimiento hídrico para dar riego y facilitar el consumo doméstico en producciones familiares, ubicadas en zonas sin acceso a la energía eléctrica.
“La bomba de río es un implemento que se sirve de la energía cinética de los cursos de agua –ya sean arroyos, canales o ríos– para elevar el agua para riego y consumo”, explicó Lucas Zanovello, especialista del Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar del INTA (IPAF) Región Patagonia.
La bomba consta de una serie de bobinas de manguera que se ubican en forma arrollada dentro de un tanque, el cual es colocado a nivel de flotación en el río e impulsado por una hélice. “Al estar parcialmente sumergidas, estas bobinas giran con la fuerza del curso de agua y toman pulsos alternados de agua y aire, que generan la presión suficiente para cargar un tanque a determinada altura”, describió Zanovello.
Lo curioso del sistema –ya adoptado en cuatro campos del Alto Valle– es que no se fabrica a escala industrial, por lo que la única manera de conseguirlo es construyéndolo con elementos reciclados. “Si bien no hay fabricantes que lo vendan ya armado en Latinoamérica, es muy sencillo y cada productor pueda hacerlo en su casa o junto con los técnicos del INTA que brindan apoyo en cada agencia de extensión”, valoró Zanovello.
Lucas Zanovello, técnico del IPAF: “La bomba de río es un implemento que se sirve de la energía cinética de los cursos de agua para elevar el agua”.
Por su accesibilidad económica, resulta viable la colocación de varias bombas en un mismo curso de agua para ampliar la capacidad de riego y conformar un sistema continuo de provisión hídrica. “Esta tecnología –aun a nivel de prototipo– funciona las 24 horas, todo el año y bombea hasta 7.000 litros de agua por día”, estimó el técnico.
En esa línea, calculó que “una familia consume entre 300 y 500 litros diarios de agua, por lo que el excedente queda disponible para uso productivo”.
Asimismo, Zanovello comentó que se encuentra en desarrollo un simulador informático que, con la incorporación de variables ambientales y parámetros de caudales, brindará recomendaciones técnicas para el diseño de la bomba adaptada a la zona. “Nos planteamos hacer una difusión abierta para que la mayor cantidad de gente conozca la tecnología y técnicos –del INTA y externos– adquieran las capacidades para construir este tipo de bombas y puedan replicarlas en diferentes ambientes y cursos de agua”, apuntó.
“Comenzamos a trabajar esta alternativa con un productor de Cipolletti, pero después observamos que no sólo era una solución para él, sino para muchos otros que tienen cursos de agua cercanos y no disponen de energía eléctrica o les resulta muy costoso el montaje de sistemas de riego por motobomba”, contextualizó el técnico.
Actualmente, hay cuatro prototipos en ensayo en diferentes cursos de agua. “Estamos explorando el uso productivo para abastecer bebederos de animales, riego de huertas familiares y de pequeñas parcelas de pastura”, remarcó Zanovello. Hasta el momento, las bombas se probaron sobre: el Río Negro –cerca de la confluencia de los ríos Neuquén y Limay–; el principal canal de riego de la ciudad neuquina de Senillosa; Río Limay a la altura de Plottier y en un canal de la zona de Centenario –también Neuquén–.
“Si bien son zonas del Alto Valle bajo riego, los prototipos abastecen áreas marginales que están por encima de los canales y por debajo de los ríos principales”, indicó Zanovello.
Para que funcione este implemento, hay que tener en cuenta dos variables ambientales: la velocidad del curso de agua –la mínima comprobada para el prototipo construido es de 0,3 metros por segundo– y su profundidad, ya que la bomba debe colocarse en flotación sin rozar el lecho.
“Lo ideal es que no se registren bajas de caudal. No obstante, si eso sucede, la bomba pararía y se quedaría estática hasta que regrese el nivel de agua. Se adapta a cursos de diversa velocidad –tiene un mínimo para funcionar, pero no un máximo– y, por su mecánica sencilla, funciona siempre que el río no se congele o se seque”, aseguró Zanovello.
or su bajo costo, resulta viable la colocación de varias bombas en un mismo curso de agua para ampliar la capacidad de riego y conformar un sistema continuo de provisión hídrica.
En cuanto a la construcción, el sistema requiere cinco elementos principales: bobinas de manguera arrolladas en un tanque, un acople rotativo –pueden ser aspersores de jardín u otros de industria–, una manguera de salida, una paleta de ventilador a modo de hélice y algún elemento flotante –como telgopor, rollos de espuma de polipropileno o una botella– que es adosado al tambor.
El diseño de esta tecnología es una adaptación del “tornillo de Arquímedes”, recuperado a mediados de 1700 por un metalúrgico inglés que fabricó el helicoide. Más recientemente, en 1985, se generó una patente y en la actualidad hay grupos de investigación que estudian su funcionamiento.
Desafiar la aerodinámica
La segunda tecnología –también pensada para las demandas de la pequeña escala– es un prototipo que apela a los principios de la aerodinámica y atrae la consulta de los productores que visitan el campo experimental del INTA Sáenz Peña –Chaco–. Se trata de un molino eólico que, al funcionar con poco viento –a partir de ocho kilómetros por hora–, permite bombear agua de hasta 12 metros de profundidad. Su principal característica, además de ser construido con materiales de descarte, es su bajo costo: seis veces menos que un molino convencional y, de acuerdo con los técnicos del instituto, satisface los requerimientos productivos de pequeñas y medianas explotaciones.
“El prototipo original se construyó con cuatro tachos cortados a la mitad, dispuestos en forma de cruz. Luego este planteo se complejizó y se buscó la disposición equilibrada de cinco mitades, debido a que esta cantidad optimizaba el aprovechamiento del viento y mejoraba la extracción de agua”, comentó Carlos Derka, especialista del INTA Sáenz Peña.
“En los molinos tradicionales, las aletas son aspas que giran con el viento. Nosotros utilizamos la mitad de los tachos de 200 litros, porque queríamos recuperar elementos que pudieran reutilizarse”, remarcó Derka.
El molino funciona con poco viento –a partir de ocho kilómetros por hora– y permite bombear agua de hasta 12 metros de profundidad.
Con aerómetros y caudalímetros, los técnicos pudieron estimar que el generador eólico –denominado “molino de eje vertical de bajo costo”– comienza a girar con vientos de 8 km/h y alcanza un funcionamiento óptimo a velocidades de entre 16 y 18 km/h. Esto permite extraer hasta 200 litros de agua por hora, ubicada a entre 8 y 12 metros de profundidad.
“A razón de 10 horas trabajadas por día, esta tecnología abastece un tanque de 2.000 litros que es el volumen promedio requerido por un productor de pequeña y mediana escala”, calculó Derka.
Para su construcción, se ubican cinco medios tachos en forma de estrella, unidos a un eje central, en cuyo extremo hay un disco. Éste transfiere el movimiento circular del caño a otro sistema que hace subir y bajar un pistón, cuyo movimiento permite la extracción del agua.
Es decir, gracias al movimiento de los tachos que giran con el viento, “es posible levantar el agua desde un pozo o represa para cosecha hacia la superficie y, por gravedad, cae a través de una manguera hasta un tanque que la almacena”.
El generador cuenta con una válvula de retorno que regula el nivel de agua en la pileta y la devuelve al pozo en caso de excedente. Además, posee un sistema de resortes que compensa el impacto del viento sobre las aletas. “Este sistema de compensación está incluido en un nuevo prototipo que estamos cerca de finalizar”, anticipó el técnico.
En la actualidad, esta tecnología es aplicada por tres productores de la zona y hay dos emplazados en la unidad del INTA Sáenz Peña con fines demostrativos. Próximamente, se instalará otra estructura en el campo experimental de Deán Funes que posee el INTA Manfredi –Córdoba– para que pueda ser visitada por productores de otras regiones.
“Como desafío próximo, nuestra inquietud es colocarle un dínamo a ese molino que permita cargar una batería y generar electricidad para uso doméstico”, relató Derka. “Incluso, también observamos que el sistema podría ajustarse para extraer agua ubicada a mayor profundidad, más allá de los 12 metros que fue la marca máxima desde donde logramos bombear”, agregó.
Con relación a los materiales, entre otros, el generador requiere una columna de hierro, caños de plástico y algunas válvulas de fácil obtención. “La columna suele ser lo más costoso, pero es posible reemplazarla con postes de madera. En suma, estimamos un costo de 6 mil pesos con relación a los 40 mil requeridos para el montaje de un molino convencional”, subrayó el técnico, quien destacó que todo el trabajo de desarrollo tecnológico –diseño y fabricación– se realizó en los talleres del INTA Sáenz Peña.
En la actualidad, esta tecnología es aplicada por tres productores de la zona y hay dos ubicados en unidad del INTA Sáenz Peña con fines demostrativos.
La energía, motor del mundo
En el marco del Año de las Energías Renovables –declarado por el gobierno argentino para el 2017–, el INTA prioriza el abordaje de este tema a través de una trama de iniciativas que promueve la generación de tecnologías y su adaptación a la escala familiar en todo el país.
En general, estas iniciativas están integradas al Módulo de Desarrollo de Energías Renovables para la Agricultura Familiar, que pertenece al Proyecto Específico –dirigido por Carlos Derka– “Estrategias y tecnologías innovativas en mecanización para el desarrollo territorial sustentable” del Programa Nacional de Agroindustria y Agregado de Valor.
“Desde el módulo, el objetivo es diseñar acciones que tienden a colaborar en la construcción de sistemas tecnológicos en torno a las demandas-necesidades”, aseguró Sergio Justianovich, coordinador de este espacio institucional que articula una red nacional de 56 técnicos, vinculados a 29 proyectos regionales con enfoque territorial.
De este modo, se considera que el agregado de valor a los alimentos elaborados a escala familiar requiere energía para su procesamiento. “Si bien el INTA promueve el armado de cadenas cortas de valor –aspecto relevante en términos energéticos, debido a que los alimentos recorren menos distancia y hay menores pérdidas–, en determinados contextos la disponibilidad de energía puede posibilitar o no que un producto sea competitivo”, subrayó Justianovich, “A su vez, la población rural presenta dificultades de energía asociadas a la vivienda, aspecto que limita las posibilidades de desarrollo”, remarcó.
“La propuesta de trabajo no se basa en un artefacto en particular –por ejemplo, un calefón solar–, sino en el sistema tecnológico que permite resolver el problema de acceder al agua caliente en los sectores rurales”, detalló. “Esta perspectiva incorpora a diferentes actores con funciones e intereses particulares en la solución del problema, tanto del ámbito público como privado”, enfatizó.
Ruralnet
Fuente: INTA