miércoles, 29 de abril de 2015

Casi 28 millones de hectáreas cultivadas en siembra directa

En directa, son todos beneficios

Con casi 28 millones de hectáreas cultivadas en siembra directa, esta técnica es de adopción masiva en Argentina y presenta muchos beneficios. No los olvidemos.
Entre ellos, mejora la infiltración del agua en el suelo, disminuye su evaporación desde la superficie y crea una condición que favorece la acumulación y conservación del agua en el perfil.
“La siembra directa (SD), junto con una rotación de cultivos con alta frecuencia de gramíneas y una fertilización balanceada, crea las mejores condiciones para la captura de carbono, que se traduce en incrementos en rendimiento y en aportes de residuos (rastrojos) al suelo”, detalló Carolina Alvarez –técnica del INTA Manfredi y una de los autores de la experiencia.
Luego de 18 años de analizar las variables de rendimiento y agua útil acumulada en el suelo y estimar los aportes de carbono de los residuos vegetales en soja y maíz, los especialistas del INTA Manfredi concluyeron que “la SD es un sistema de manejo que contribuye a aumentar los rendimientos de los cultivos de renta principalmente porque mejora la condición hídrica del suelo”.
Siembra directa
Además, cuando se combinan la SD con la rotación bianaual soja-maíz y un cultivo de cobertura invernal la captura de carbono se incrementa notablemente lo que se traduce en un balance de carbono más favorable.
En esta línea, Alvarez explicó que “en el 61 por ciento de los años analizados los mayores rendimientos en soja se obtuvieron en siembra directa con rotación maíz mientras que el resto de los años los resultados más bajos fueron para labranza reducida en monocultivo”.
En cuanto a los rendimientos promedio del cultivo de maíz, el sistema de manejo en SD fue un 27 por ciento superior que en siembra directa con un cultivo de cobertura y labranza reducida.
“Nuevamente se observó que los beneficios de la SD sobre la condición del suelo y la conservación del agua se traducen en rendimientos más altos”, detalló la técnica quien agregó que “los rendimientos de maíz en SD fueron mayores en 7 de cada 10 años que el resto de los sistemas de manejo”.
Respecto al contenido de agua en el suelo bajo los distintos tratamientos previo a la siembra de soja, se observó que fue superior en la rotación soja-maíz respecto al monocultivo de soja. “Esto se debe a que el rastrojo de maíz, por su mayor volumen, mejor cobertura y mayor duración, es más eficiente en la captación y conservación el agua que el rastrojo de soja”, detalló Alvarez.
Para el caso del maíz, los sistemas bajo SD resultaron ser –nuevamente– más eficientes en el almacenamiento de agua en el suelo, al acumular entre un 25 y un 50 por ciento más de agua que el sistema con laboreo del suelo. “Al igual que lo observado en el monocultivo de soja, los tratamientos con cultivo de cobertura presentaron el mayor coeficiente de variación entre años, en contenido de agua”, indicó la técnica de Manfredi.
Para el especialista, existe una “relación lineal positiva” entre el rendimiento de soja y el agua útil a la siembra.
“Así, –explicó–, la siembra directa al conservar mejor el agua permite obtener mayores rendimientos en el monocultivo de soja que la labranza con rastra de discos”.
Y agregó: “Cuando se introduce un cultivo de cobertura en SD en la secuencia soja-soja ocurre una disminución del agua útil a la siembra y, uno de los efectos negativos puede ser el rendimiento del cultivo de soja. A su vez, en la secuencia soja-maíz ocurre algo similar si se compara SD con labranza reducida”

Suelos de América Latina y el Caribe, integrados en un atlas


Se trata de una herramienta que unifica todo el conocimiento de la región, clave para las estrategias de preservación y conservación de este recurso natural. El aporte del INTA al desarrollo.
Suelos de América Latina y el Caribe, integrados en un atlas

En un contexto mundial marcado por la demanda de alimentos y por una estimación de crecimiento de su población a 9.100 millones de habitantes para 2050, los suelos de América Latina y el Caribe se enfrentan a un gran desafío. Esto, a pesar de contar con más de la mitad de las 576 millones de hectáreas de tierras productivas de la región con avanzados procesos de degradación. Así, con el objetivo de conocer e integrar los suelos de la región, es que los investigadores del INTA participaron del primer Atlas de Suelos de América Latina y el Caribe.
“El cambio climático, la producción de alimentos y la degradación de los recursos naturales trascienden las fronteras”, aseguró Marcos Angelini, técnico del área de Cartografía y Evaluación de Tierras delInstituto de Suelos del INTA Castelar, para quien es “de suma importancia contar con información homogénea a escala continental y mundial”.
De acuerdo con el técnico, el Atlas –impulsado por la FAO, la Comisión Europea, el Global SoilPartnership y el proyecto GlobalSoilMap.net– tiene como objetivo “difundir los diversos aspectos y funciones del suelo, que permitan describir los principales ambientes de Latinoamérica”. El Atlas fue redactado por los especialistas en cartografía y evaluación de tierras del Instituto de Suelos del INTA Castelar y Mendoza.
“Asimismo, –explicó Angelini– este trabajo en conjunto permitió reunir a investigadores de toda la región para impulsar acciones conjuntas que permitan actualizar y sistematizar la información de suelos de los distintos países”.
Mediante mapas fáciles de interpretar –con textos explicativos, fotografías y gráficos–, el Atlas unifica la información existente sobre la diversidad de suelos a escala regional y continental, desde los trópicos húmedos hasta los desiertos. Además, la herramienta cuenta con textos sobre la integración del conocimiento indígena en las Ciencias del Suelo.
Angelini: “Este trabajo permitió reunir a especialistas de toda la región para impulsar acciones conjuntas que permitan actualizar y sistematizar la información de suelos de los distintos países”.
Por su parte, Darío Rodríguez –especialista del Instituto– ponderó la necesidad de contar con un Atlas “integrador de todos los conocimientos y mapas nacionales de suelos que ayude a compatibilizar sistemas nacionales de clasificación y metodologías de análisis de muestras”.
Ambos técnicos se mostraron optimistas en cuanto a su utilización: “La idea es que este material pueda ser utilizado en distintos niveles educacionales, sobre todo primario y secundario. Pero, también es una publicación destinada a los tomadores de decisiones y políticos interesados”.
El Atlas de Suelos de América Latina y el Caribe (LAC) fue elaborado por el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea y financiado por el programa EUROCLIMA, que busca fomentar la cooperación entre América Latina y la Unión Europea (UE) en materia de cambio climático.
Tras cinco años de trabajo, el Instituto de Suelos del INTA participó del lanzamiento del nodo Latinoamérica del proyecto GlobalSoilMap.net y el Atlas de Suelos de LAC. Respecto de su redacción, ésta se realizó durante el XXIII Congreso Argentino y Latinoamericano de la Ciencia del Suelo en 2012 junto con representantes de 19 países de América y Europa.

lunes, 13 de abril de 2015

Silicon Valley echa raíces en la agroindustria




Plantas incipientes de albahaca cultivadas en la granja vertical bajo techo FarmedHere en Bedford Park, Illinois. MARTHA IRVINE/ASSOCIATED PRESS
Las nuevas tecnologías que prometen cambiar la forma en que se cultivan, transportan y venden los alimentos están atrayendo un creciente interés de los inversionistas que financiaron a las potencias de Silicon Valley.
El dinero invertido en startups de alimentos de Estados Unidos es limitado en comparación con lo que captan las firmas de Internet. No obstante, la inversión de capital de riesgo en agricultura y alimentos se disparó 54% en 2014 para llegar a US$486 millones, según Dow Jones VentureSource.
Grupos agroindustriales han lanzado filiales de capital de riesgo y algunos gestores de inversión han recaudado fondos para tecnologías de alimentos y agricultura. La firma deprivate equity de Nueva York Paine & Partners, por ejemplo, levantó en enero US$893 millones para invertir en áreas como la producción de proteínas y seguridad alimentaria, informa su director general, Kevin Schwartz.
El motor de estas inversiones es una combinación de tecnología inalámbrica barata, mejores herramientas de recolección de datos y de monitoreo de cultivos, además de una generación de emprendedores jóvenes que quieren responder a las nuevas demandas del mercado y alimentar a la creciente población mundial. Por otra parte, los consumidores analizan el contenido de sus alimentos, llevando a las empresas a que aumenten la transparencia de sus cadenas de suministro.
Una serie de nuevas tecnologías que prometen cambiar la forma en que los alimentos son cultivados, transportados y consumidos está atrayendo mayor interés de los inversionistas. Foto: Getty
Los agricultores empiezan a adoptar el análisis de datos detallados en tiempo real para evaluar temas como costos, velocidad y producción, al igual que lo hacen las compañías manufactureras. En los últimos años, los productores de maíz y soya comenzaron a utilizar este tipo de técnicas de “agricultura de precisión” para tomar decisiones mejor informadas.
Thomas McPeek adaptó una tecnología de escaneo láser empleada en la arquitectura a las plantaciones de naranjas en Florida. Emplazado en una camioneta que cubre alrededor de 120 hectáreas al día, el dispositivo —desarrollado por su empresa, AGERPoint Inc.— analiza el reflejo de la luz en los árboles para determinar desde la altura y la densidad de sus copas hasta qué naranjas o troncos necesitan agua o padecen enfermedades o plagas. El instrumento produce un mapa que algunos agricultores usan para determinar con mayor precisión la cantidad de agua, pesticida y fertilizante que necesita cada árbol.
Mediante esta recopilación de datos “estamos ayudando a reducir una gran cantidad de desperdicio” de la cadena de producción agrícola, dice McPeek. Su compañía ultima los detalles de una inversión de una firma de capital de riesgo que permitirá triplicar su personal a 12 personas, añade el ejecutivo. AGERPoint no quiso revelar el monto de la inversión.
La cantidad de tierras de cultivo no está creciendo en EE.UU., de modo que los emprendedores tratan de llevar la agricultura a las ciudades. “Estamos tratando de crear una legión de agricultores urbanos”, señala Todd Dagres, socio de Spark Capital, una empresa de capital de riesgo que encabezó en diciembre una ronda de financiación de US$3,7 millones para Freight Farms Inc.
Freight Farms reacondicionó contenedores navieros con luces LED, sensores y sistemas hidropónicos para producir lechugas y otros vegetales.
Los contenedores sellados rinden alrededor de 500 cabezas de lechuga por semana durante todo el año, incluso en lugares tan fríos como Canadá. Su cofundador y director ejecutivo, Brad McNamara, indicó que las unidades cuestan US$76.000 cada una y que no necesitan pesticidas.
En la década de 2000, una ola de retiros del mercado de alimentos que enfermaron o mataron a cientos de personas alarmó a los agricultores y motivó a los legisladores a sancionar normas más estrictas de seguridad alimentaria en EE.UU. Un floreciente número de empresas pretenden beneficiarse con las nuevas regulaciones, que imponen criterios más severos y consistentes para verificar la seguridad de los alimentos.
Icix North America LLC desarrolló un software que ayuda a los minoristas a rastrear la ruta de un producto a través de la cadena de proveedores y transportadores. Invisible Sentinel Inc. produce sistemas que permiten comprobar rápidamente la presencia de patógenos como la salmonela y la listeria en alimentos y bebidas; para ello utiliza un dispositivo manual semejante al que se usa en las pruebas de embarazo. RapidBio Systems Inc. emplea un dispositivo similar que permite comprobar si verduras y otros alimentos están exentos de patógenos tóxicos.
Los consumidores más jóvenes se están acostumbrando a comida más sana y diversa, y se preocupan más por la forma en que los animales, el agua, la tierra y otros recursos son tratados durante la producción de alimentos.
Los inversionistas, por lo tanto, apuestan a que los alimentos con métodos de producción alternativos tendrán una gran demanda. Hampton Creek Inc., Impossible Foods y Beyond Meat son algunas de las startups que producen alimentos como hamburguesas y mayonesa a base de ingredientes de origen vegetal en lugar de proteínas animales.
Harves Automation cree que los robots podrían ayudar a cultivar más bayas y verduras a un menor costo. En la imagen, una de sus máquinas en 2012. Dina Rudick/Boston Globe/Getty Images
Modern Meadow Inc. está produciendo proteína animal en laboratorio a partir de células animales, y Rosa Labs elabora Soylent, una bebida nutricional hecha de vitaminas, minerales y otros nutrientes que reemplaza la necesidad de masticar una dieta balanceada.
Las nuevas empresas cuentan con el respaldo de inversionistas como Bill Gates, cofundador de Microsoft Corp. MSFT +0.10% ; Li Ka-shing, multimillonario de Hong Kong; y Google GOOGL +0.02% Ventures. En diciembre, Hampton Creek, que utiliza arvejas amarillas y sorgo canadiense en lugar de huevos para producir mayonesa y galletas, recaudó US$90 millones en una ronda liderada por Horizons Ventures, de Li, y Khosla Ventures, una firma de capital de riesgo de Silicon Valley.
“Estamos tratando de reinventar la producción de alimentos desde el punto de vista de la sostenibilidad y la salud”, afirma Sarah Sclarsic, directora de negocios de Modern Meadow.


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